Bernardo Gitman dejó el Centro Montecarlo de noticias. la suya es «una trayectoria larga y linda» que repasa con Sábado Show en esta entrevista.
10-12-2011
Bernardo Gitman levanta su Black Berry de la mesa y lo muestra. «Acá está resumido el capital mío. Son dos mil números de teléfono». En dos mil teléfonos se condensan 43 años de periodismo ejercidos en la radio El Espectador, en el semanario Opinar, como jefe de prensa de la Embajada de Estados Unidos y la de Israel, desde hace 25 años en el Centro Montecarlo de noticias, donde en los últimos cinco ha estado a cargo de la coordinación de Teledía y Telebuendía, cargo que ya no ejerce más desde la semana pasada. Desde esta semana ya no tendrá la obligación laboral de despertarse a las cuatro de la mañana. Sin embargo se sigue despertando a esa hora. «El reloj biológico no se puede parar, después de 25 años y cuatro días en Montecarlo. Tengo la opción de la jubilación, pero vamos a ver. Estamos en diciembre, hay muchos acontecimientos, veremos a partir de enero qué resuelvo hacer. Después de haber pasado la puerta del canal me puse a reflexionar a ver si tengo fuerzas para seguir y creo que sí, que tengo fuerzas. Esta profesión no es como una llave de luz que la bajás y se apagó. Son muchos años trabajando en esto. 43 años no son dos días, empecé muy jovencito y cuando uno lleva esto en la sangre es muy difícil poder pararlo. Yo estoy en edad de jubilarme, no levantarme más a las cuatro de la mañana es importante. Tengo tres nietas para ocuparme y aprovecharlas ahora y vamos a ver… Todavía está muy fresco, son poquitos días. Hubo mucha gente que me llamó por teléfono y me vino a visitar cuando se enteró. Pero, despacio, hay tiempo», comenta Gitman.
-¿Siempre quiso ser periodista?
-Siempre quise ser periodista, siempre sentí eso adentro. Estaba en preparatorio y mi profesor de educación cívica, Enrique Fugazzot, había traído de Europa un slight. Íbamos a hacer una presentación y precisábamos una voz. Me dijo que fuera a radio El Espectador y la pidiera. Yo hice el audio y cuando fui a devolver el disco le dije al jefe de informativo: «usted sabe que a mi me gustaría esto». Él me dijo que fuera un día después del informativo de las 13. Fui, me dieron las copias del informativo de las 13 y, cuando terminó, me dijeron que pasara a la fonoplatea y leyera el informativo. El jefe se fue a la cabina para grabar. Empecé y entonces el salió, demoró y apareció con otra persona. Yo comencé a leer nuevamente y entonces me preguntó si yo había hecho radio alguna vez. Yo contesté que no. Me dijo que pronunciaba la e y la jota mal, me preguntó si tenía grabador, me dijo que practicara las correcciones y que volviera a los cuatro o cinco días. Volví y me dijo: «¿a usted le gusta esto? Si quiere puede venir a practicar pero no puede dejar de estudiar. Tiene que seguir estudiando». Empecé a practicar, me pusieron en el turno de la tarde y me iba del preparatorio a la radio. Cuando cumplí 18 años me pusieron en planilla y entré como informativista.
-¿Cuál ha sido la mayor satisfacción?
-La profesión me ha dado satisfacciones. A esto le debo toda mi vida. Es interesante, comencé trabajando en la radio con grabadores gigantes, con carretes inmensos y hoy se trabaja con un mini grabador. En la tele también se trabajaba con grabadores Ampex y terminamos trabajando virtualmente en un computador. Ese pasaje lo viví sin darme cuenta. Porque en definitiva esa es la parte logística, la parte material, la noticia, siempre es el motor.
-¿Cómo evolucionaron las noticias en estos 43 años?
-Es lindo trabajar en democracia. Muy lindo, y hay colegas que no se dan cuenta. Nosotros tenemos que ayudar a que no se marchite la democracia. Hemos pasado de lo negro a lo blanco. Ya pasamos cinco gobiernos, 25 años, es un cuarto de siglo. Creo que vamos bien, hay cosas lamentables que no se han podido corregir, pero es parte de todo esto.
-¿Y la tecnología?
-Es algo espectacular, en el caso de los diarios, radios y tv, el hecho de ingresar a un computador y ver una foto de algo que sucedió hace 10 minutos en cualquier otro lado del mundo es algo fabuloso. La globalización nos ha dado una forma de trabajar completamente diferente. Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados a usarla que no nos damos cuenta, es automático y uno no piensa los pasos que se han dado. Cuando hice mi primera transmisión fue desde Perú. Había que pedir un satélite, llevar un grabador inmenso para mandar la imagen, ir hasta la telefónica, pedir el favor de que lo mandaran porque trabajábamos en formatos distintos, ver cómo se hacía la conversión. Ahora vas con la computadora, preguntás si hay wifi en la habitación y lo tienen en Montevideo en el momento. Antes se precisaban dos horas para mandar las cosas, ahora se hace en dos minutos y nos parece lentísimo.
-¿Cuál fue la noticia más desafiante que le tocó?
-La caída de las Torres Gemelas fue terrible. En Uruguay fui yo quien dio al noticia. Inmediatamente cortamos la transmisión y mandamos eso y vimos el segundo choque en directo. Eso fue un impacto muy grande. Y la muerte del Papa. Pero ahí me llego mucho más por haber estado junto a él en el Vaticano. Eso de tener a la persona al lado tuyo, que te hable frente a frente, me dejó muy impresionado. Fueron poquitos minutos pero me quedó hasta el día de hoy. El hombre tenía algo diferente.
-¿Le gustaba estar en cámara o prefería estar del otro lado?
-Hace cinco años salí de la pantalla, dejé de mostrarme como el presentador de las noticias internacionales y pasé a coordinar el noticiero de la mañana y del mediodía. Ahí formamos un lindo equipo con Daniel Castro con Mariela Martínez con Adriana de Capellan, Camila Piríz, Federico Paz, en su época Jean George Almendras, ahora con Santiago Vernaola y los muchachos de edición y camarógrafos, todo un conjunto muy unido que trabajamos muy, muy bien. El trabajo es siempre afuera de cámaras. No te voy a negar que gusta estar en la pecera, pero prácticamente al mes de que ingresé estaba haciendo piso. Siempre fui el hombre que daba las noticias internacionales y la gente te reconoce como el que presenta las noticias internacionales pero lo mío era trabajo interno, trabajo de contactos y la parte política más que nada, acá siguen estando dos mil números de teléfono y el contacto con ex presidentes de la república que nos conocemos desde antes de que fueran presidentes, contactos cercanos que seguimos manteniendo. Esta profesión lo que te da es eso, y hay que ser agradecido y saber manejar la información.
-¿Qué implica saber manejar la información?
-Darle el punto justo a la noticia. Decir exactamente lo que es, no comentar. Dar la noticia, no especular. Cuando uno trabaja de esa manera el rédito viene, no hay reproches. Saber guardar la información cuando se le pide a uno reserva. Y la fuente es sagrada. Si uno cumple con esos requisitos no va a tener problema.
-¿Qué es lo más difícil de hacer un informativo?
-La gente. No todos corren a tu tiempo. Todos tenemos nuestras preocupaciones. La vida que es muy estresante nos lleva a llegar a un lugar de trabajo y es como una casa: cada uno tiene su opinión. Si conseguís mantener a todo el mundo conforme después buscar la noticia y ponerla es muy fácil para uno que le gusta esto y está en esto. No hay dificultades. La dificultad es que la gente tenga metida la cabeza en el trabajo que tiene que realizar. Lo difícil está en lograr un conjunto de personas que se lleve bien y que todos tiren exactamente para el mismo lugar. Cuando conseguís que esa máquina esté aceitada es un lujo. Y yo me siento orgulloso porque con el grupo que trabajé se consiguió eso. Yo termino mi carrera realmente muy conforme porque hicimos un grupo sensacional, con calidez humana; con gente veterana en el metier y gente joven que se adaptó, rápidamente entendió el sistema y dio gran empuje.
43 años de periodismo
12/Dic/2011
El País, Sábado Show